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Entre todas las interpretaciones
disponibles para responder a esas dos
cuestiones, acaso las más pertinentes sean
aquellas que consideran en primer
término los factores contextuales y
asocian los fenómenos de exclusión a
unos determinados sistemas de acción y
representación sociales. Estos fenómenos
son la consecuencia, que no la causa, de
relaciones entre sectores sociales, uno de
los cuales –las personas catalogadas como
ancianas, en este caso– puede ser
considerado como intrínsecamente
problemático o indeseable.
En general, la explicación de las
prácticas excluyentes en nuestra sociedad,
en cualquiera de sus variedades, implica
reconocer la confluencia de diversas
circunstancias singulares del mundo
actual, todas las cuales tienen, por fuerza,
relación con la función política y
económica que cumplen. En primer lugar,
porque las sociedades Industrializadas
más desarrolladas han vivido una
intensificación del elemento crónicamente
conflictivo que se sitúa en la base misma
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de su funcionamiento.
Esto cristaliza en que cada uno de los
grupos que se auto diferencia —o que,
como en el caso de las personas mayores,
es diferenciado— representa un punto
dentro de una red de relaciones sociales
en que la distribución del espacio, los
requerimientos de la división social del
trabajo y muchas otras formas de
conducta competitiva son fuentes
permanentes de colisión de intereses,
y entre las identidades en que estos
intereses se refugian, con el fin de
legitimarse. Por tanto, podría establecerse
como principio global que los
dispositivos de la exclusión, que
podríamos encontrar en diversos grados
en otras sociedades y momentos
históricos, se han agudizado en una
última fase de la evolución de las
sociedades urbano-industriales como
consecuencia paradójica del auge del
Igualitarismo.
En efecto, las ideologías de y para la
exclusión funcionan como una fuente de
coartadas para la negación de la igualdad
de derechos y oportunidades que las
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relaciones sociales reales no dejan nunca
de sufrir, así como para naturalizar
injusticias y arbitrariedades que los
principios democráticos, que
presuntamente orientan las sociedades
denominadas "democráticas", jamás
estarían en condiciones de legitimar.
En el caso de los llamados "ancianos", la
clave cabría encontrarla en un criterio de
estratificación social de base cronológica,
que clasifica la funcionalidad social de
los individuos en función de su edad.
Esta taxonomía de los grupos de edad ha
visto aumentada su importancia a medida
que ha ido creciendo también la
complejidad social, y ha servido para
marcar la personalidad civil de las
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personas: etapas escolares, servicio
militar, personalidad jurídica, actividad
laboral, derechos legales, etentre otros.
La edad cronológica es entonces un rasgo
adscrito que corresponde a cada cual,
dejando de lado tanto sus méritos como
sus condiciones capacidades específicas.
Por su facilidad de medida, los estados
centralizados tienen en este criterio
cronológico un instrumento de lo más útil
para clasificar las poblaciones que
administran, al mismo tiempo que un
sistema social muy competitivo y que
rinde culto al éxito puede ordenar
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significativamente los términos
temporales para alcanzar las distintas
expectativas sociales y culturales de cada
persona.
La edad, en efecto, es una referencia
inmejorable para ―medir‖ lo que
podríamos llamar la productividad vital
de cada cual, es decir, el conjunto de sus
logros individuales.
Relacionamos este artículo con la revista
escogida en la temática por el grupo,
donde damos a conocer la aceleración
del envejecimiento: donde las personas
Relacionamos este artículo con la revista
escogida en la temática por el grupo,
donde damos a conocer la aceleración
del envejecimiento: donde las personas
mayores de 60 años, representaban el
17% de la población en 1960 y pasó al
21% en 1997 y podría alcanzar el 30% en
el 2030.
Aumento sensible de las personas a
cargo de otras. Esto es conocido como
un desastre demográfico porque puede
producir algunos efectos en los diferentes
aspectos de la organización social. Uno
de ellos es conocido o estipulado por que
nacen menos niños, que las personas que
llegan a la vejez, esto afectaría la
actividad económica de la juventud y por
consiguiente debería realizarse un cambio
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social, industrial, sobre la ocupación de
los ancianos.
La vejez un término para situaciones
muy diversas: se menciona que las
personas mayores a los 65 años de edad
que desempeñan alguna actividad
profesional, tienen derecho a algún tipo
de pensión. Pero este hecho ha surgido
ciertas controversias en los llamados
viejos jóvenes, y los llamados viejos más
viejos.
En estos momentos es donde se ha
cambiado el uno de la discapacidad para
retirarse de un trabajo normal, por el
tiempo que tarda la jubilación, además
debería tomarse con precaución el criterio
de los niveles de incapacidad o mala
salud, para establecer límites dentro de la
vejez.
Debido a ello cierto porcentaje de la
población mayor en las sociedades
industriales se enfrenta a momentos de
pobreza, mala vivienda, aislamiento y
olvido. Y todo esto sucede por haber
cruzado las fronteras llamadas la tercera
edad.
Principales factores de diferenciación
social dentro de la vejez
Una de las principales diferencias es que
las mujeres tiene mayor porcentaje de
vivir más tiempo que los hombres. Otra
causa es la diferencia económica, aunque

hay ancianos con una buena situación, así
mismo hay con mucha pobreza.
Encontramos también que la incapacidad
para ejercer actividades marca una gran
diferencia entre uno y otros, lo cual puede
ocurrir por una enfermedad o por
problemas emocionales.
Los estereotipos de la vejez: juega una
suma importancia los cambios físicos, por
cuanto muchas de esas imágenes son
negativas en la experiencia que tenemos
de envejecer, y esto es por los
conocimientos adquiridos de la vida
social.